13
Nadia Mendoza
Feb 17, 2024
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Apr 26, 2024
Un proyecto en colaboración con deCERCA
13
La evolución comienza a partir de un recuerdo primitivo que sugiere que ya se había emprendido un camino, es por eso que “13” marca un punto de madurez en una investigación pictórica, conceptual y espiritual en la cual la artista Nadya M. Aguilar ha estado trabajando durante los últimos años. A través de su serie "13", Mendoza se sumerge en un viaje simbólico a través de este número, un número que ha sido tradicionalmente asociado con la muerte, pero que aquí se interpreta como un símbolo de transformación y renacimiento. Esta interpretación refleja la propia búsqueda espiritual y constante evolución como artista.
El trece en sí mismo ofrece una lectura muy amplia, para Pitágoras (s.f.) todas las cosas son números, la idea de que el universo estaba regido por principios matemáticos y que los números tenían un significado profundo y universal. Esta creencia se manifestaba en varias áreas, desde la música hasta la astronomía. Por otra parte, la numerología esotérica es una práctica que parte de esa idea inicial de Pitágoras, en donde se considera que los números operan en el ámbito espiritual, con su estudio se es capaz de comprender la ordenada progresión de los ciclos de la vida, se adentra en conceptos más místicos y metafísicos. Cada número tiene una vibración única y representa energías específicas. Se exploran conexiones entre los números y aspectos más espirituales de la existencia.
Para Nadya (2022), “13” es un final y un principio, un cambio, tal como el número, que representa el arcano de la muerte en el Tarot, muerte como cambio o inicio, es al mismo tiempo la muerte provocada por la degeneración y la regeneración. Aunque su nombre pueda sonar ominoso, en realidad, este arcano no se refiere a la muerte física, sino más bien a la transformación, el cambio y el renacimiento. “13” la serie, escenifica su propia evolución espiritual, que se transforma constantemente en busca de la reconexión con la fuente, con Dios, a través de su propia sanación y autodescubrimiento. Una suerte de transmutación energética que pasa a través de ella para que sea palpable en cada una de sus pinturas. Son objetos cargados de su historia personal, de su propia energía y vibración. En ellas se puede observar capas sobre capas, profundidad, fluidez, y el uso de aguadas, dando importancia al agua como elemento fundamental en el proceso pictórico, entendido como parte de la misma purificación de lo contenido en el lienzo. El uso de paletas inspiradas en los colores representativos de arcángeles, arcanos del tarot, o los chakras, por ejemplo, le permite vincular el color a prácticas espirituales y mágicas, y no solo desde su función estética. Es un recordatorio de que el cambio es inevitable y a menudo necesario para alcanzar una mayor comprensión de una misma y del mundo que nos rodea. Nadya lo recibe desde la figura de la artista, que le permite expandir en un suelo que otras personas pudiesen considerar infértil y expandir sus ideas creativas, transformando su entorno.
La conexión entre el arte visual y lo esotérico se remonta a través de la historia del arte, con artistas como Hilma af Klint explorando estos simbolismos para expresar sus visiones personales. Los trabajos de af Klint dirigen el foco hacia el papel del artista, hacia el trasfondo espiritual de la modernidad y, quizás, también, hacia las posiciones retrógradas de la historia del arte. Kandinsky (2018) también estaba profundamente interesado en la relación entre el arte y la espiritualidad, exploró ideas metafísicas en su arte y en su escritura. Creía que el arte tenía el poder de transmitir emociones y experiencias espirituales profundas, y buscaba crear pinturas que pudieran evocar una respuesta emocional y espiritual en quien las viese.
Esta comparación no es antojadiza, Nadya misma tuvo la oportunidad de acceder a otro tipo de conocimiento y abrazó prácticas espirituales y el lugar que tienen en la cultura cubana cuando vivió y desarrolló su práctica artística durante varios años en Cuba. Un lenguaje y una experiencia que quizá solo Nadya conoce a fondo, pero que decide compartir a través de su pintura. Mendoza continúa esta tradición de lo espiritual en el arte e invita a reflexionar sobre la naturaleza del cambio y la transformación, recordando que desde el arte se tiene la capacidad de imaginar o acceder a otras realidades.
A partir de estas premisas, tiene sentido hacer referencia a la metáfora de la cueva como portal; desde el lenguaje visual y la historia del arte en las cuevas evoca la noción de portales hacia el pasado, hacia mundos antiguos y desconocidos. Las cuevas han sido lugares de refugio y exploración para los humanos desde tiempos prehistóricos, y también han sido espacios donde se han dejado huellas de expresión artística que se remontan a miles de años. La teoría de los portales en el arte rupestre sugiere que estas cuevas no solo eran refugios físicos, sino también portales simbólicos o espirituales hacia otros mundos o dimensiones. Algunos investigadores interpretan las pinturas rupestres como representaciones de viajes chamánicos o visiones y experiencias trascendentales, donde los artistas prehistóricos podrían haber entrado en estados alterados de conciencia para comunicarse con los espíritus o acceder a planos de existencia diferentes. Es posible así, conectar con otras realidades en la cueva. Otro tipo de cognición.
Parte indispensable de la preparación de esta exposición es la propia preparación espiritual de Nadya para el acto creativo. Nadya se ve a sí misma como un canal, donde la pintura actúa como un espejo, que revela cosas acerca de ella misma. Pintar es también es un rito, el trabajo físicamente gestual que se observa en sus pinturas, los trazos que solo un brazo, acompañado del movimiento del cuerpo entero, se forman. Remite a aquellas prácticas espirituales. Así como la meticulosidad de las rayas y esos gestos contenidos se comportan como la repetición de un credo, mantra, danza, que en algunos casos desacelera las pulsaciones y regresan de nuevo a un estado de calma.
Si las piezas de “13”, o la obra en general que surge a través de Nadya, no se puede separar de ella, entonces ella también simboliza el 13, ella también significa renacimiento. Su lenguaje es la pintura que funciona como código interpretativo de lo que ella experimenta, pero el lenguaje es distinto. Hay más tipos de lenguajes, de información que se nos escapa y ella ha encontrado la forma de permitirnos acceder de alguna forma, percibimos que algo pasa, no sabemos qué con exactitud, pero su obra es más que una pintura.
Texto por Cristina Ramírez
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Biografía de la artista:
Nadia M. Aguilar (San José, Costa Rica, 1978) es una artista visual radicada en San José. Realizó estudios en Artes Visuales en el Conservatorio Castella, en la Universidad Nacional de Costa Rica y en el Instituto Superior de Arte de La Habana, Cuba. Además, posee un bachillerato en Animación Digital por la Universidad Veritas.
Nadia concibe la pintura como una entidad viva y palpitante, que crece con cada pincelada y con la energía que emana desde su interior. Su obra pictórica es una expresión de su vida y evolución personal, estableciendo una relación íntima y vital con su práctica de meditación, elemento fundamental en su proceso creativo.
Su trabajo ha sido presentado en exposiciones individuales en La Habana, Cuba, en la Galería Luz y Oficios; y en San José, Costa Rica, en la Galería Jacob Karpio, la Galería Nacional y la Galería Alternativa. También ha participado en numerosas exposiciones colectivas en ciudades como Tel Aviv (Israel), Miami, Florida (Estados Unidos), Limerick (Irlanda), Lanzarote (España) y San Benedetto del Tronto (Italia), además de La Habana y San José.
En el año 2000, obtuvo el Tercer Premio en la Bienal Centroamericana de Artes Visuales. En 2010 fundó Interdimensional Studio, un estudio independiente de animación enfocado en la creación de contenido artístico original. Fue guionista, coproductora y codirectora de “El Cumpleaños Esotérico” (2015), el primer largometraje de animación artística y experimental de la región. Sus proyectos animados han sido presentados en destacados festivales internacionales, incluyendo el Festival de Cine de Animación de Annecy, en Francia.
Referencias:
Bashkoff, T. (2018). Hilma af Klint: Paintings for the Future. New York: Guggenheim Museum Publications.
Javane, F. (1987). La vida secreta de los números. Ediciones Martínez Roca.
Kandinsky, V. (2018). Lo espiritual en el arte. Ediciones Paidós.
Lewis-Williams, D. (2002). The Mind in the Cave: Consciousness and the Origins of Art. Recuperado de: https://www.academia.edu/40409868/The_Mind_in_the_Cave_Consciousness_and_the_Origins_of_Art
Nichols, S. (1980). Jung and tarot: An archetypal journey. Weiser Books.
FOTOGRAFÍAS














