Asomarse por la ventana sin abrir las cortinas

Viviana Zúñiga Ramírez

Oct 18, 2025
-
Dec 20, 2025

Asomarse por la ventana sin abrir las cortinas

Lo cotidiano y lo doméstico son el eje temático de la obra de Viviana Zúñiga Ramírez (n. 1994, Heredia, Costa Rica). Una artista que se interesa en reflexionar sobre las banalidades del día a día, transformándolas en materia poética y crítica. Partiendo de hallazgos personales, ya sean fotos viejas, listados, memorias, utensilios del hogar y hasta recetarios anónimos, la artista ofrece espacios para pensar el trabajo y el ocio, sin dejar de lado las ideologías de género que moldean cómo se entienden y valoran estos dos tiempos, el libre y el laboral.

“Asomarse por la ventana sin abrir las cortinas” reúne piezas de cuatro series distintas que giran en torno a los rituales, voluntarios o no, de la vida diaria. En la exposición actual, Zúñiga Ramírez se enfoca en la idea del “pasatiempo” a través de una obra que se sitúa entre lo pictórico y lo conceptual. “El pasatiempo no como oposición al trabajo, sino como algo que habita los grises”, señala la artista. “… Como algo que, en algunos casos, es ocioso o recreativo, pero que en otros sigue siendo trabajo,” añade. 

Viviana toma las sopas de letras, afición que le recuerda a su abuela materna, como recurso visual para una serie donde la lectura es parte integral del acto de observar. Sobre tela, la artista pinta sopas de letras con formas básicas que remiten al hogar. Y entre las letras, esconde frases breves que funcionan como ventanas a la cotidianidad doméstica. Estas micro-memorias no necesariamente narran ni ilustran, pero sugieren. Es quien las lee, quien reconstruye mentalmente la escena desde su propia experiencia. 

La forma lúdica de las sopas se vuelve un dispositivo para hablar de aquello que ocurre en los márgenes del tiempo productivo: los cuidados, la espera, la vigilancia y el mantenimiento del hogar. Gestos menores que, por más de ser repetitivos (o precisamente por eso), pasan desapercibidos. Lejos de la lógica público-social, se diluyen en lo femenino, lo natural y lo privado-improductivo.

“Tengo la mente llena de momentos en los que se hacen remiendos mientras se ve la televisión, se abren vainas de cubaces, se espera a que aparezca un vecino en la calle, a que el almuerzo esté listo o a que lleguen para almorzar,” dice la artista. Instantes que difuminan la división entre ocio, placer y obligación. Su serie pasatiempos sigue la misma línea. Sobre libretas de sopas de letras, la artista dibuja imágenes que le evocan cambios perceptibles en el ritmo del tiempo diario: la olla de presión, el rosario y la silla reclinable. Transformando estos símbolos en una especie de cartografía del tiempo presuntamente invisible o “muerto”. 

Zúñiga Ramírez se une a un legado de artistas feministas que visibilizan el trabajo de mantenimiento (como le acuñó la artista Mierle Laderman Ukeles). Viviana agrega a esta lista de labores, necesarias para sostener la funcionalidad del hogar (y, por ende, de la sociedad), las tareas afectivas, como el acompañar emocionalmente, el custodiar la memoria familiar, el estar pendiente y el anticipar necesidades; trabajo “no-trabajo” que realmente nunca termina. 

Su línea más figurativa recurre a motivos tradicionales, como escobas, tendederos, cocinas y figuras femeninas en tareas rutinarias. A modo de ejemplo, la obra tender la ropa (2025) de la serie, dibujos envueltos, ilustra prendas tendidas en primer plano, secándose al aire libre. El dibujo, atrapado en un tiempo de espera, parece salir de otra época. Por momentos, se siente como estar contemplando Mujer tendiendo la colada (1881) de la impresionista Berthe Morisot. Sin embargo, aparte de las muy distintas temporalidades, técnicas y posicionamientos simbólicos de ambas obras, los fragmentos de Zúñiga Ramírez están cargados de una ambigüedad, amplificada por el encaje que cubre cada imagen.

Como en las sopas, en esta serie la artista expone vistas fragmentadas y sintetizadas de un mismo entorno cotidiano y silenciosamente laborioso, atravesado por el ritmo lento de la ruralidad. La protagonista femenina, a veces implícita, riega las plantas, ordena la cocina, cuida al infante y desempolva las cortinas. Abierta a la imaginación de quien observa, la lista de tareas posibles es interminable.

En primera instancia, el filtro mencionado anteriormente, que interrumpe la mirada directa, enfatiza la privacidad de las escenas ilustradas, posicionándonos fuera de ellas, en la esfera pública (que es, claramente, donde estamos ubicados). Pero más allá de ubicarnos espacial, social y políticamente, el encaje enturbia la imagen y, al mismo tiempo, la protege. Resguarda y valoriza el trabajo evidenciado, situando lo doméstico como parte constitutiva de la identidad. No como algo ajeno a la subjetividad por estar fuera de la vista, sino como el centro desde donde se organiza la vida. Y en este instante preciso, como el centro de nuestra atención.

La percepción de que lo doméstico es secundario y existe fuera de las condiciones sociales se sostiene por la mezcla imprecisa de vocación, instinto y deber feminizado que envuelve este tipo de trabajo. Como lo sugiere el mismo encaje, esta asociación se adhiere a nuestra percepción y tiñe todo lo que vemos, naturalizando lo que es profundamente estructural. 

De forma similar, esta lógica del encaje se traslada a un elemento tangible. En objetos que contienen tiempo I (2025), un mantel antiguo cubre una silla de madera. El gesto de arropar el asiento vacío puede interpretarse como un intento de cuidar y preservar el tiempo acumulado, como una tarea más de mantenimiento. Así, la obra señala una presencia ausente, la del cuerpo creador-trabajador: la artista misma. 

En última instancia, “ambas formas de trabajo –el artístico y el doméstico– desmontan los mitos de no-trabajo que rodean las dos formas” de labor: la noción del arte como talento y ocio (heredada del mito del genio artístico) y la creencia de la domesticidad como natural (entendida como extensión de la maternidad). Este paralelismo resuena con especial fuerza cuando se trata de una artista cuya trayectoria ha sido interrumpida por la necesidad de acceder a un trabajo “real”, remunerado. Desde ahí, su obra no solo cuestiona la jerarquía entre lo visible y no visible, sino que también insiste en que todo trabajo es tiempo y cuerpo por igual. 

Tras una serie de encuentros cercanos, Viviana Zúñiga Ramírez ofrece puntos de partida para pensar y especular sobre los eventos “habituales” que no necesariamente entendemos cómo, por qué y por quién son controlados. Pero lo que define la obra de la artista no es solo su elección temática, sino también la sensibilidad con la que plantea fricciones entre lo íntimo y sistémico, acercándose a lo cotidiano desde la nostalgia y la memoria, los motores afectivos de su práctica. Es la determinación con la que Viviana abraza la delicadeza lo que otorga a su obra una fuerza única y desafiante.


Texto por Oriana Capra


  1. Helen Molesworth, “House Work and Art Work”, en Open Questions: Thirty Years of Writing about Art, ed. Donna Wingate (Londres: Phaidon, 2023), 96.

  1. Linda Nochlin, “La nodriza de Morisot: la noción del trabajo y el ocio en la pintura impresionista”, en Mujeres, arte y poder y otros ensayos, trad. Mela Dávila-Freire (Barcelona: Paidós, 2022), 59. Este ensayo reflexiona sobre la representación del trabajo femenino en el impresionismo, donde a menudo se retrata como una actividad de placer u ocio, cuestionando cómo se minimiza la carga y el valor del trabajo doméstico y de cuidado en la historia del arte.

     

  2. Molesworth, “House Work and Art Work”, 98. Una variación de esta comparación se hace en relación con la obra de Mary Kelly.

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Biografía
Bibliografía

Nochlin, Linda. “La nodriza de Morisot: la noción del trabajo y el ocio en la pintura impresionista”. En Mujeres, arte y poder y otros ensayos, traducido por Mela Dávila-Freire, 53-72. Barcelona: Paidós, 2022. 

Molesworth, Helen. “House Work and Art Work”. En Open Questions: Thirty Years of Writing about Art, editado por Donna Wingate, 88-105. Londres: Phaidon, 2023.


FOTOGRAFÍAS